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Dormir: un placer sin remordimientos

Qué nos pasa al día siguiente cuando tenemos una mala noche? Seguramente se te vienen muchas cosas a la cabeza pensando en la respuesta:
Soy irritable. Ajá.
Me duele la cabeza. Probablemente.
No me puedo concentrar del sueño. Total.
Me siento estresado. Exacto.
Y así… nos suceden un montón de cosas que alteran nuestro comportamiento y por lo tanto nuestro día. Esto es delicado, claro, pero más delicado aún es que ojalá los efectos de un mal sueño pararan ahí, porque no lo hacen. Los efectos del mal sueño no son lineales, son cíclicos, lo que quiere decir que caemos en un círculo vicioso donde pasamos un mal día y por lo tanto la siguiente noche no es el espacio tranquilo y renovador que nos soñamos, sino el refugio temporal que acumula el cansancio. En pocas palabras, dormir bien hace que vivamos bien; y vivir bien nos permite dormir bien.

El sueño se ha convertido en nuestra época en aquel placer con remordimiento. Un lujo que no nos deberíamos dar porque la lógica moderna sugiere que dormir es perder tiempo que pudiéramos emplear en ser más productivos. Bien. Entonces nosotros preguntamos: y cómo podemos ser productivos si no dormimos bien?
En este blog, dedicaremos varias entradas a rescatar el arte perdido del buen dormir. Lo llamamos arte porque cada vez es más difícil conciliar un sueño de calidad y perdido porque desde muy niños la sociedad nos enseña que lo debemos hacer a un lado para darle paso a otros asuntos que creemos que son más importantes.

Nuestra intención es que cambies ese ciclo vicioso de restarle importancia a tu sueño (y a tus sueños) por el ciclo virtuoso de hacer de tu sueño el momento de descanso y reparación que te darán la energía cuando te levantes para ir a hacer tus sueños realidad.

Porque un buen sueño es un mejor mañana.

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