Técnicamente, todos sabemos cómo irnos a dormir: nos ponemos la pijama, apagamos las luces, nos metemos en las cobijas, cerramos los ojos y dejamos que nuestro cuerpo haga el resto. El sueño es un hábito fisiológico necesario que adquirimos desde que nacemos (incluso lo hacemos desde el vientre) y que aunque no logramos conscientemente, sí podemos prepararnos para él física, mental, emocional y espiritualmente.

Por esto, lo primero que debemos conocer, en un mundo cada vez más activo, es la importancia del sueño, pues es el momento en que nuestros tejidos se regeneran, nuestros órganos y músculos sanan, y nuestro cerebro descansa y se recarga. Sin embargo, existen factores que pueden alterar nuestras noches.
Pensamos demasiado como resultado de los miles de estímulos a los que estamos sometidos, y a veces nos sentimos incapaces de apagar el bombardeo constante de información. Nuestras mentes se vuelven tan ocupadas que les queda faltando tiempo para dormir.

Así que… Vamos a relajarnos y a prepararnos para una buena noche de sueño. Comencemos por nuestra habitación. El espacio que tenemos para descansar debe hacer eso precisamente: descansar nuestros sentidos. Debe ser ordenado y armónico visualmente, debe aislar el ruido exterior, tener un aroma agradable y relajante, y todo lo que sea posible tocar dentro de él, debe tener una textura suave y acogedora. La cama debe ser un santuario, y como tal, le debemos rendir homenaje y respeto. Nada de descargar objetos sobre ella y menos los que hemos usado por fuera. Sí, esto incluye también la ropa que traemos puesta y los dispositivos electrónicos personales. No solo traen un montón de interferencia y distracción, sino que sus pantallas de luz azul impiden la producción natural de melatonina y por lo tanto afectan nuestros ritmos circadianos.

Y por último, pero definitivamente no menos importante, debemos prepararnos nosotros mismos. Calmar y despejar nuestra mente puede parecer una tarea difícil pero se puede lograr con práctica hasta que se consolide en un hábito de bienestar. A continuación, te compartimos algunas recomendaciones que le han funcionado a nuestros expertos en sueño a las mil maravillas!

  • Date una ducha o lávate la cara. El sudor y las bacterias que acumulamos durante el día no solo pueden afectar nuestra piel y nuestra salud, sino que pueden quedarse a vivir en nuestras camas y nuestras almohadas.
  • Adopta una rutina. No importa el horario porque no siempre podrá ser el mismo, pero ojalá realices las mismas acciones en el mismo orden antes
    de dormir. Esto prepara el inconsciente para llegar a las zzz.
  • Sal a caminar y toma un poco de aire fresco. Respira profundamente y exhala tus preocupaciones.
  • Crea una práctica diaria de gratitud. Piensa en tres cosas que hayan sucedido en tu día que valgan la pena agradecer. Nunca repitas, ya verás como pronto terminas viendo la magia de lo simple. Esto es una forma increíblemente poderosa de restablecer tu estado mental.
  • Cuando te acuestes, en vez de seguir mirando el celular, realiza un escaneo de todo tu cuerpo y relaja cada músculo conscientemente. Es muy importante darte cuenta dónde estás alojando la tensión para liberarla.